Artículo de investigación
Maltrato familiar infantil desde la percepción del infante
Child family abuse from the perspective of the infant
Noraima
Rodríguez Gómez1 https://orcid.org/0000-0003-4495-4314
Clara
Pérez Cárdenas2* https://orcid.org/0000-0001-5105-6918
1Instituto de Medicina Legal. La Habana, Cuba.
2Universidad
de Ciencias Médicas de La Habana, Facultad de Ciencias Médicas
"Calixto García". La Habana, Cuba.
*Autor para la correspondencia: clapecar@infomed.sld.cu
RESUMEN
Introducción:
El maltrato familiar a menores ha pasado a ser un problema de salud a nivel
mundial. Es considerado un delito en las sociedades contemporáneas. En
términos psicológicos, es una patología del comportamiento.
En términos jurídicos, constituye un comportamiento delictivo
que debe ser sancionado desde lo legal. Es un fenómeno social y en términos
morales y éticos, un problema de violación de derechos.
Objetivo: Indagar en los menores la existencia o no del reconocimiento
de la actitud maltratante en el hogar, por parte de sus figuras parentales.
Métodos: Estudio cuali - cuantitativo desarrollado en Alamar,
entre enero y junio del año 2023. Realizado en familias identificadas
como maltratadoras o con riesgo de serlo por el equipo de salud del consultorio.
Se utilizó la entrevista, observación y expresión gráfica.
Resultados:
Los niños consideran que ser indisciplinados es no colaborar en las tareas
del hogar designadas. Son golpeados, además del abuso emocional. No reconocen
su condición de víctimas. Se considera limitación del estudio,
el no haber tenido enfoque de género en análisis de respuestas
de los menores.
Conclusiones: Las conductas más descritas son las de maltrato
físico sin daño para la vida del menor. No hay reconocimiento
por parte del niño de su posición victimaria. Para ellos, sus
padres actúan en función de educarlos y no de maltratarlos. La
expresión gráfica a partir de los indicadores de dibujo de los
menores fue el instrumento que mayor información aportó.
Palabras clave: Familia; maltrato a los niños; relaciones familiares.
ABSTRACT
Introduction:
Family abuse of minors has gone from a daily practice in homes to a global health
problem. It is considered a crime in contemporary societies. In psychological
terms, it is a behavioral pathology. In legal terms, it is a criminal behavior
that must be legally defined and punished. It is a social phenomenon and in
moral and ethical terms, a problem of violation of rights.
Objective: To investigate the existence or lack of recognition of abusive
behavior towards children at home by their parental figures.
Methods: A quali-quantitative study was developed in Alamar between January
and June 2023. It was carried out in families identified by the doctor´s
office health team as abusers or at risk of being so. Interview, observation
and graphic expression were used.
Results:
Children consider that being undisciplined means not collaborating with assigned
household tasks. They are usually beaten in addition to suffering from emotional
abuse; however, they do not recognize their status as victims of abuse. Not
having considered a gender approach to the analysis of children´s responses
has been considered a limitation of the study.
Conclusions: The most frequently described behaviors are physical abuse
without harm to the life of the minor. There is no recognition of victimizing
position by children. For them, their parents act like that to educate but not
to mistreat them. The graphic expression based on the indicators of children's
drawing was the instrument that provided the most information.
Keywords: Family; child abuse; family relationships.
Recibido:
Aprobado:
INTRODUCCIÓN
El maltrato infantil no es un problema de las sociedades contemporáneas; a través del arte y la historia se conoce de su existencia en todas las culturas y épocas. Es un problema universal y complejo. La violencia se ha correspondido con la superioridad de unos hombres contra otros más débiles, en virtud de imponerse y lograr ventaja.(1) El trato recibido por los niños guarda estrecha relación con los derechos que se le otorgue. En la historia, se encuentran muchos ejemplos de omisiones de los derechos infantiles. Prácticas de crianzas hoy consideradas maltratantes, como es el abandono, el castigo físico y la explotación laboral, fueron habituales y no cuestionadas.(2)
Diferentes autores expresan que los primeros estudios sobre el tema de maltrato infantil datan de 1868, luego de que se realizara la autopsia de 32 niños golpeados y quemados. Esto da lugar al término "Síndrome del Niño Golpeado", descrito por Ambrosie Tardieu, quien también redactó lo que se considera el primer libro sobre el maltrato y la violencia sexual contra los menores. En 1874 surge la primera sociedad de prevención, en New York, y luego, se desarrollan otras organizaciones contra el abuso infantil en Estados Unidos y Europa.(2) Se sistematiza el estudio en el tema y se amplía el concepto al expresarse que los infantes podían ser agredidos no solo al utilizar formas físicas, sino también desde lo emocional o por negligencia.(3)
Los infantes casi siempre se encuentran en posición desventajosa, en cuanto a las relaciones establecidas con las personas adultas.(4) Esto se evidencia en la vida cotidiana, donde los padres asumen -desde la asignación cultural-, que al darle la vida a sus hijos y garantizarles la supervivencia, tienen derecho a utilizar métodos violentos para disciplinarlos, si fuera necesario.
En Cuba, hechos como estos tienen lugar y las estadísticas del Instituto de Medicina Legal así lo demuestran. En la actualidad existen trabajos dirigidos a explorar la situación de maltrato infantil en el país, pero son insuficientes, a partir de tener en cuenta la relevancia del fenómeno y su significación social.
La Convención sobre los Derechos del Niño ha logrado incidir en la necesidad de proteger a los niños del maltrato. Este es un tratado internacional, aprobado por Naciones Unidas y adoptado por más de 190 países. Nace para la protección de todos los niños y adolescentes del mundo. Es la primera ley internacional sobre sus derechos que tanto las familias, la sociedad y los estados están obligados a respetar. La Convención ha contribuido a transformar las vidas de los niños al establecer que todos tienen derecho a una infancia feliz.(3)
Las formas de maltrato infantil se concentran en cuatro formas o tipos fundamentales y no excluyentes entre sí. Una de ellas es el maltrato físico, concebido como forma de agresión no accidental infligida al menor, producida por el uso de la fuerza física. Entre este se encuentran los traumas físicos que producen lesiones severas (quemaduras, hematomas, fracturas, envenenamientos y otros daños que pueden llegar a causar la muerte). Existen otros provocados por palmadas, sacudidas, pellizcos o prácticas similares que, por lo general producen daño psicológico pero no constituyen riesgo sustancial para la vida del niño.
Otro grupo lo constituye el abandono o negligencia, que se produce cuando no se proporciona al niño lo necesario para su desarrollo en todas las esferas de su vida. Como consecuencia de ello, se corre alto riesgo de perjudicar la salud del niño o su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.
Está además el abuso emocional, que es el daño intencional producido contra las actitudes y habilidades de un niño. Afecta su autoestima, su capacidad de relacionarse, la habilidad para expresarse y sentir.
El maltrato social se identifica, cuando las personas que tienen a cargo la crianza del niño lo abandonan físicamente por tiempo que afecta la satisfacción de sus necesidades básicas y su cuidado y orientación sistemática, o se constata deterioro social del niño, y se convierte en ocasiones en niño infractor. Con frecuencia es un niño que vinculan a trabajo. Se incluye el maltrato prenatal, que son las conductas realizadas de forma voluntaria por la madre o personas del entorno familiar, con carácter negligente que influyen de forma negativa en el embarazo y repercuten en el feto.
Existe el abuso sexual que consiste en la participación de un niño en una actividad sexual que no comprende, a la que no es capaz de dar un consentimiento, o para la que por su desarrollo no está preparado y no puede expresarlo. Esta actividad tiene lugar entre un niño y un adulto, o bien entre un niño y otro niño o adolescente que por su edad o desarrollo, tiene con la víctima una relación de responsabilidad, confianza o poder.(4)
En la literatura especializada se describe el Síndrome de Münchaussen como tipo de maltrato, provocado por los padres mediante otra persona (el médico). Simulan y describen síntomas falsos; obligan así a la hospitalización y otros procedimientos.(5)
Se reconoce en general a niños o niñas que sufren la violencia -en primer lugar- en forma de disciplina rigurosa por parte de sus cuidadores primarios. Se utilizan estrategias aversivas compuestas por formas de abuso físico y emocional. La prevalencia mundial del maltrato emocional infantil alcanza el 70 %, y el 60 % para castigos físicos.
Existen factores de riesgo que predisponen la presencia del maltrato infantil. Entre ellos, el hecho de que los padres, madres o cuidadores hayan sufrido tratos abusivos o descuido en la infancia, consuman drogas o abusen del alcohol o inflijan o sufran otras formas de violencia en el momento presente. Otro factor está relacionado con las condiciones de la comunidad donde se vive: altas tasas de desempleo, carencia de servicios de apoyo para las familias, alto grado de violencia.
Las consecuencias del maltrato están clasificadas por la OMS en grandes categorías: lesiones físicas, secuelas de salud mental, enfermedades transmisibles y sus comportamientos de riesgo y salud de la madre y el niño. Está demostrado el deterioro que puede producir el maltrato infantil en el funcionamiento psicológico de niños y adolescentes.(6,7)
Algunos autores describen que las consecuencias del maltrato infantil se manifiesta en consecuencias físicas, conductuales (consumo de drogas y alcohol, fugas del domicilio, conductas autolesivas, hiperactividad, bajo rendimiento académico, trastorno disociativo, delincuencia juvenil); consecuencias emocionales (miedo generalizado, agresividad o aislamiento, culpa y vergüenza, depresión, dificultad para expresar sentimientos, disfunciones sexuales en los casos de abuso sexual) y consecuencias sociales (mayor probabilidad de sufrir revictimización, de ser agresor en sus hijos, problemas de relación interpersonal).
De acuerdo a investigaciones recientes, el confinamiento debido al Covid 19 generó nuevos estresores que provocaron maltrato y alteraciones psicológicas, en la población infantil. La violencia como forma de maltrato físico, las prácticas de abandono -aun en caso de compartirse la misma vivienda-, el abuso sexual infantil y el maltrato psicológico se incrementaron ante el vulnerable escenario generado por el confinamiento. Por tanto, se puede afirmar que en algunas familias, conductas de maltrato debido a la vulnerabilidad vivenciada trajo consecuencias físicas, conductuales, emocionales y sociales para los niños.(8,9) Resultados contrarios a este se obtuvieron en estudio realizado en área de salud del Policlínico Escalona, en Alamar, que constató confinamiento como período de unión familiar e inclusión de los niños como nunca antes, al intercambio con los padres.(10)
Cuba no está exenta de la existencia de manifestaciones de maltrato familiar contra niños. Existen estudios encaminados a explorar la situación, pero son insuficientes a partir de la relevancia del fenómeno y su significación social. Es necesario profundizar en el tema y explorar hasta qué punto los niños reconocen que son víctimas, para a largo plazo, eliminar o minimizar esa conducta en las familias. Las acciones de prevención serían las herramientas más poderosas cuando de maltrato a menores se trata.
En el presente estudio se propone como objetivo indagar en los menores la existencia o no del reconocimiento de la actitud maltratante en el hogar, por parte de sus figuras parentales.
MÉTODOS
Se realizó un estudio descriptivo, cuali-cuantitativo en el área de salud del Policlínico "Mario Escalona Reguera", en Alamar, entre enero y junio del año 2023. Se utilizaron técnicas como la observación y la entrevista, y se realizaron análisis porcentuales para precisar frecuencia absoluta y relativa. Con la información brindada por los niños a través de estos instrumentos se pudo precisar la identificación de estos, de conductas maltratantes posibles para con ellos en sus familias y se logró identificar si se reconocía en una posición de víctima o no. La expresión gráfica de las dinámicas de su grupo familiar enriqueció el conocimiento de las investigadoras sobre el tema a explorar.
El universo lo constituyeron 53 familias identificadas por el equipo primario de salud (EPS) como maltratantes o con riesgo para serlo.
La muestra la integraron los grupos familiares que fueron identificadas por el equipo primario de salud como maltratadoras o con factores de riesgo para el maltrato infantil. Los niños que integraban su dinámica se encontraban en etapa escolar y consintieron en la participación en el estudio, tanto los menores de edad como los adultos. Esos fueron los criterios que las investigadoras tuvieron en cuenta como criterios de inclusión de las familias en el estudio.
Como criterio de exclusión, se valoraron aquellas familias cuyo consentimiento no fue otorgado para la participación en el estudio o que una de las figuras parentales se encontraban en proceso judicial. Lo primero ocurrió en cuatro familias excluidas porque los adultos no consintieron en participar, además de otras dos familias cuyos menores no accedieron en colaborar en la investigación. En cuanto al segundo criterio de exclusión, se encontraron tres grupos familiares en que unas de las figuras parentales se encontraban en proceso judicial. Se trabajó con una muestra de 44 niños, con igual cantidad de familias.
Para lograr la intervención investigativa en las familias seleccionadas -a partir de la exploración en niñas y niños-, se tuvo en cuenta el consentimiento informado de la dirección del policlínico donde se desarrolló el estudio. La madre, padre o tutor inmerso en la dinámica familiar, tuvo que dar su autorización para que se pudiera intercambiar con los menores y la aceptación del propio niño o niña a ser incluido, fue criterio importante para lograr la información. Con estos tres elementos, el proyecto fue aprobado por el Comité de Ética de la Investigación y el Comité Científico de Investigación del Policlínico.
Entre las definiciones conceptuales utilizadas, se evaluó el reconocimiento de la conducta maltratante, la cual se consideró presente cuando calificaban la relación con sus papás con cualquier categoría alegórica al maltrato.
Fueron aplicados los siguientes instrumentos de investigación:
La aplicación se realizó de manera individual y sin la presencia de los padres. Se realizó los días y horarios pactados con sus familiares. Al niño se le entregó una hoja de papel blanco y lápices de diferentes colores, además de un lápiz grafito. Se dio la siguiente consigna: Se te dirá una frase y a partir de ella dibujarás lo que se te ocurra. La frase fue: "Cuando me porto mal, mis padres ". Al finalizar el dibujo, se entrevistó al niño para aclarar conceptos o dudas que surjan de su creación y para explorar conductas maltratantes en la dinámica familiar.
RESULTADOS
De manera general, en el dibujo temático se constató como contenido la representación de la situación de maltrato presente en el 100 % de los casos. Los niños ante la consigna de "cuando me porto mal " dibujaron a sus padres gritándoles, golpeándolos con cinto y/o chancletas. Los trazos en todos los casos se encuentran en el rango medio. En cuanto al tamaño de la figura es mediano (50 %), pequeño (42,8 %) y en solo el 7,2 % de los sujetos la figura fue grande. En 10 de los casos (22,72 %) se observó movimiento inanimado, por ejemplo lluvia o rayos, vistos como expresión de conflicto.
En la Fig. se constata que más de la mitad de los evaluados (58 %) refuerzan las figuras humanas ejecutadas.

La información resultante de la entrevista realizada se refleja en la Tabla.
En la tabla se observa que 19 niños (43,18 %) refieren que portarse mal, es no colaborar con las actividades del hogar, seguido de 14 que consideran la desobediencia al adulto (31,81 %). Un caso (2,27 %) define que portarse mal es "mirarle la cara a su papá". En otro caso (2,27 %) fue señalado que portarse mal es desobediencia a los padres e incumplimiento de las tareas escolares.

El 38,63 % afirman que sus padres los corrigen a través de golpes con cintos, chancletas y con las manos. El 29,54 % describen abusos emocionales, refieren el encierro y la desmoralización. Describieron con frecuencia ser llamados por los adultos que componen su familia como bobos, niños malos, insoportables y/o desagradables. De igual manera una incidencia no menos apreciable la ocupan los maltratos físicos que pueden generar traumas y lesiones severas (22,72 %); estos niños describieron métodos de corrección de conductas como golpes con palos y/o con utensilios de cocina.
En contraposición con la descripción de las conductas maltratantes los infantes, consideran que son acciones correctas, encaminadas a que sean "mejores niños" y se consideran merecedores de estas conductas en un 90,9 % de los casos. Interpretan estos métodos de sus padres proporcionales al afecto que sienten por ellos. De los casos estudiados siete coinciden en responder en la entrevista con la siguiente frase: "hacen eso porque me quieren mucho".
El 95,5 % de los participantes consideran que a los otros niños se les debe enseñar a no "portarse mal" de la misma manera que sus padres lo hacen con ellos. Solo uno de los evaluados, quien es víctima de maltrato físico, argumenta que los padres deben enseñar de manera opuesta a cómo lo hacen con él y otro caso refiere, que debe ser como lo hacen sus padres, pero sin los gritos. El 97,72 % de los niños no consideran que son maltratados por sus familiares y solo un 2,27 % refiere que lo son, a veces.
DISCUSIÓN
En cuanto a las características del dibujo se considera que el tamaño mediano, responde a los criterios de normalidad en la ejecución de las figuras de niñas y niños, pero las figuras pequeñas pueden deberse a retardo en el desarrollo psíquico, lentificación del pensamiento o problemas de autoestima como resultado de conflictos, tensión que se encuentra ubicada sobre el sujeto, como una amenaza externa percibida. Es el caso de dibujos con lluvia que cae sobre las casas o las figuras humanas. Los niños maltratados suelen dibujar elementos de amenaza en sus dibujos, se observa con frecuencia lluvia sobre ellos, rayos, remolinos y estos son elementos que aparecen en este estudio.(11)
Las figuras pequeñas pueden ser expresión de baja autoestima. A través de la ejecución de la misma se señalan dificultades en la comunicación social. Estos resultados coinciden con los de Morales Carrero,(12) quienes describen a menores víctimas de maltrato, con baja autoestima, autoconcepto débil y problemas sociales con las personas adultas.
El reforzamiento de los trazos fue relevante en este estudio, e indica molestia y preocupación. Desde lo emocional se mostraron afectados y lo expresaron con pobre uso del color y de usarlo, prefirieron, los que expresan ansiedad y agresividad.
En
la entrevista, los niños expresaron que "portarse mal" es no
cumplir tareas como buscar el pan, fregar y en menor medida señalaron
que es tener conductas contrarias a la que le orientaron los adultos. Sin embargo,
necesitan cambios en esos comportamientos, pero no se justifica que sea a través
del maltrato de ningún tipo. Son comportamientos que deben aprender y
son los padres los responsables de lograrlo con exigencia, la forma es orientárselos
como tareas que aportan a la vida familiar en general. Debe ser parte de la
educación familiar. Se profundizó en el caso del niño que
expresó como inadecuado "mirarle la cara al padre". En entrevista
a la mamá conviviente, explica que el padre tiene prohibido a sus hijos
mirarle a la cara, pues lo considera irrespeto a su autoridad.
La mayoría de los menores participantes en el estudio fueron maltratados
por sus padres con cintos, chancletas, cuyos golpes fueron propiciados de manera
más frecuente en las piernas, brazos y rostro (en ese orden). Esto es
maltrato físico que no constituye riesgo sustancial para la vida del
menor, aunque algunos describen conductas que sí pudieran producir lesiones
severas, como es el caso de golpear con objetos contundentes, quemar, suprimir
alimentos.(12)
Quienes incluyen el abuso emocional hacen que los menores se sientan ignorados, aislados, se les niega afecto, se desmoralizan. Estos resultados coinciden con estudios de otros autores que expresan que los intentos de los padres por disciplinar a los hijos, provoca acciones que llevan implícito manifestaciones de maltrato infantil, al hacerlos responsables inmediatos de dicha violencia.(13)
A
pesar de estas conductas violentas, la mayoría de los niños, evalúan
correcto el actuar de sus mayores. Consideran que lo hacen "por su bien",
"porque se lo merecen", o porque "me quieren mucho y desean me
comporte de manera adecuada". Solo hubo indicador de crítica a esas
conductas parentales en un menor, a quien lo que le molesta del maltrato en
realidad es que, además, le griten.
Al dar la posibilidad de que describan cómo deben enseñar los
padres en las familias, la mayoría considera "deben enseñar
cómo me enseñan a mí". El resultado que apunta a evaluación
de los padres como maltratadores, fue ínfimo.
En el presente estudio el dibujo refleja acciones de la realidad familiar, que no siempre se correspondieron con lo expresado por los padres en comentarios hechos por ellos, concluido el estudio con los infantes. En esas expresiones gráficas aparecen escenas con castigos físicos; acción del maltrato ejercida de manera indistinta por madre y/o padre, con independencia de la convivencia o no con ambos.
Replicar la actual investigación no implica una gran inversión para su desarrollo. Tiene gran alcance al tratarse de un flagelo no tan silencioso en oportunidades, que daña a la población infantil sin ni siquiera ser reconocido por los pequeños. La limitación que puede tener está relacionada con el trabajo en las familias; en sistemas sociales poco flexibles y resistentes al cambio, pero sobre los que hay que desarrollar acciones de salud preventiva a largo plazo.
Se considera una limitación del estudio obviar las posibles diferencias que puedan constatarse en las respuestas de acuerdo al género de los niños. Se obtendrían resultados interesantes, al comparar los criterios que hembras y varones tienen ante el fenómeno de violencia familiar.
En conclusión, las conductas de los padres descritas con mayor frecuencia, por la muestra de niños seleccionada, fueron las del maltrato físico sin daño para la vida de ellos. No obstante no es despreciable el grupo que enumera conductas que implican afectación emocional en los hijos y otras que pudieran producir lesiones severas. Los participantes del estudio expresan recibir golpes con la mano, o con cintos; también les regañan delante de otros, los mandan para su cuarto en aislamiento en ocasiones durante tiempo prolongado. Sin embargo, no hay reconocimiento por parte del niño de su posición de víctima. Para ellos, sus padres actúan en función de educarlos y basados en el amor que sienten por ellos. La expresión gráfica de los menores del estudio fue el instrumento que mayor información aportó a partir de los indicadores de dibujo.
Se recomienda aprovechar el espacio de las reuniones con los padres en las instituciones escolares, para desarrollar "escuelas de padres" que aborden el tema de maltrato y permitan su reconocimiento por los adultos, además de brindar herramientas para su eliminación. También se debe insistir en los equipos primarios de salud (médico y enfermera de cada consultorio) para tener en cuenta la existencia de este flagelo en la dinámica de las familias de su área para integrar a la labor asistencial esta arista social desde un matiz educativo, en este caso con técnicas como la dinámica familiar de los casos identificados.
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Conflicto de interés
No existen conflictos de interés.
Financiación
Los autores no recibieron financiación para el desarrollo del presente artículo.
Contribución de los autores
Conceptualización:
Clara Pérez Cárdenas, Noraima Rodríguez Gómez.
Curación de datos: Noraima Rodríguez Gómez, Clara Pérez
Cárdenas.
Análisis formal: Clara Pérez Cárdenas, Noraima Rodríguez
Gómez.
Investigación: Clara Pérez Cárdenas, Noraima Rodríguez
Gómez.
Metodología: Clara Pérez Cárdenas, Noraima Rodríguez
Gómez.
Administración del proyecto: Clara Pérez Cárdenas.
Visualización: Noraima Rodríguez Gómez, Clara Pérez
Cárdenas.
Redacción: Clara Pérez Cárdenas, Noraima Rodríguez
Gómez.
Redacción- Revisión y Edición: Clara Pérez Cárdenas,
Noraima Rodríguez Gómez.